Fuente: lanacion.com
Una petrolera británica busca extraer petróleo en la Islas Malvinas en sociedad con la estatal chilena Empresa Nacional del Petroleo (Enap). Así lo informó el diario El Mercurio de Chile, que precisó que altos ejecutivos de Falkland Oil and Gas Limited (FOGL) ya mantuvieron reuniones informales con sus pares de Enap.
La empresa británica quiere un socio regional para la exploración y la extracción de crudo de las islas. Enap surgió así como complemento lógico de FOGL para el emprendimiento, por una cuestión geográfica y logística, considerando que la Enap cuenta con operaciones en Magallanes, añadió el artículo.
Sin embargo, para la compañía chilena, las intenciones no pasarían de las charlas informales y el negocio no sería viable, dados los altos costos de la exploración y el fuerte cortocircuito que generaría con el gobierno argentino.
De todas formas, el periódico chileno informó que ya se realizaron dos reuniones entre las partes. De la primera, realizada en octubre, participó el CEO de la sociedad, Tim Bushell. En noviembre se llevó a cabo otra, que contó con la presencia del deputy chairman de la misma, David Hudd.
Recientemente, medios ingleses informaron sobre estudios que sostienen que bajo las aguas de las costas de las islas podría haber reservas de crudo de hasta 60.000 millones de barriles, una de las mayores a nivel mundial.
Wednesday, December 9, 2009
Síndico de Guayabal en Padre Las Casas se adueña de invernadero de la comunidad
Fuente: noticia SIN
SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Desde que fue instalado el invernadero hace varios meses en el paraje conocido como Guayabito, del municipio de Guayabal de Padre Las Casas, en la sureña provincia de Azua, los campesinos de la zona parecen ver la infraestructura con cierto dejo de misterio.
La moderna instalación de producción agrícola se levanta en predios poco menos que inaccesibles.
El anuncio divulgado en diferentes medios de comunicación dando cuenta de que en su pasada visita a la provincia, el Presidente Leonel Fernández hizo entrega de un invernadero para una Asociación Campesina de Guayabal, llevó a comunitarios del municipio a indagar sobre la realidad de la información.
La agricultora Daysy Yolanda Jiménez Custodio, más conocida como Bicha entre los vecinos de Guayabal, dice haberse quedado con la ilusión de las expectativas creadas por el proyecto.
“Yo he sabido que el invernadero cosecha frutos buenos, da unos tomates bien buenos, que da mucho dinero, pero nosotros no hemos tenido beneficios e incluso yo ni siquiera a la puerta nunca he llegado”, expresó Bicha.
El regocijo que dice sintieron las mujeres agriculturas de la zona cuando se enteraron de la donación del invernadero a través del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, fue corto.
“A una hora que a nosotros nos habían puesto tan siquiera a trabajar, descosechando de lo que hubiera, aunque fuera ganándonos algo, nosotros tuviéramos beneficios, pero nosotros ni descosechamos, ni nos ponen a trabajar ni nos dan ningún tipo de entrada a ese invernadero, absolutamente ninguna”, agregó Bicha.
Asegura haberse sorprendido que una vez instalado el invernadero haya quedado para el uso exclusivo del síndico de Guayabal, Alcibíades Vicente.
“Ese es el único que cosecha ahí, Alcibíades Vicente, más nadie, ese es el único que cosecha todo lo que se da ahí y sabe lo que se hace”, manifestó la campesina.
Otra que se queja es Cristobalina Corcino pertenece a la Asociación de Amas de Casa María Torrubia de Guayabal. En esa calidad llegó a pensar que tendría alguna participación en el invernadero.
“Todavía el Gobierno lo haya hecho para las amas de casa para nosotros era de él porque está en su terreno de ellos, y hasta ahora nadie le ha dicho a nadie es de la asociación, es de las mujeres, somos muchas asociaciones de mujeres”, dijo Cristobalina Corcino.
La profesora Argentina Morillo, quien preside la Asociación de Mujeres para el Progreso de Guayabal, le reclamo al síndico alegando que el proyecto es un bien de la comunidad.
“Por lo menos yo fui y le exigí, le dije que qué pasaba, y el me dijo que no que su invernadero era de él, que él donó su tierra y que fue a él que se lo dieron”, explicó Argentina Morillo.
Valentín Minyetty, vicepresidente del Ayuntamiento Municipal de Guayabal, y como regidor pertenece al partido de gobierno, organización en la que también milita el síndico Alcibíades Vicente.
“Conocemos un solo invernadero y que ese invernadero es propiedad del síndico actual por lo que entonces no investigamos, entonces, si dice el gobierno inaugura un invernadero en el municipio de Guayabal y conocemos ese solo invernadero que hay que es del síndico actual entonces es una cosa que pone a uno entre la espada y la pared, entonces uno dice a quien le creo” afirmó Valentín Minyetty.
El convenio al que se refiere el ejecutivo municipal de Guayabal establece que el mismo tiene como objetivo desarrollar una nueva conciencia hídrica, poniendo a disposición de las comunidades información básica sobre la cantidad y calidad del recurso agua; inducir y estimular el desarrollo de las comunidades rurales pertenecientes a Guayabal, a hacer un mejor uso de los recursos naturales, así como mejorar la productividad, produciendo más en menos áreas y eficientizando el uso del agua.
“En ningún momento en Guayabal se ha construido ningún tipo de invernadero par algún tipo de asociación, nosotros tenemos un invernadero, un pequeño invernadero de mil trescientos metros que hicimos un convenio de cooperación entre el Indrhi, representado en ese momento por su director saliente Héctor Rodríguez Pimentel y de Alcibíades Vicente, no en calidad de síndico sino en calidad de un profesional de la agronomía”, dijo el síndico de Guayabal.
El mismo contrato en los considerando dice que El INDRHI “construyó en los terrenos de la segunda parte” representada por el síndico, un invernadero para la “producción de vegetales de la comunidad… para introducir un nuevo modelo de producción, como es la producción en ambiente controlada”, para de esta manera “reducir la quema de bosques en la cuenca alta de la cordillera central”.
El síndico a su vez tenía el compromiso de integrarse junto con los habitantes de Guayabal a un Programa de Cultura del Agua, a los fines de que todos los comunes cuiden los recursos naturales para la preservación del líquido.
Asimismo, motivar a los agricultores para que cuiden y preserven los recursos naturales; impartir cursos, talleres y charlas a los agricultores de Guayabal para adecuarlos a las nuevas tecnologías de cultivos, además de la obligación de cuidar y proteger la infraestructura del invernadero.
El síndico Vicente, al defender su derecho a la posesión del invernadero sostiene que hizo una inversión superior a los 700 mil pesos, inversión que formaba parte del acuerdo firmado, para la adecuación del terreno, construcción de casetas para la instalación de regadío y fertilización y la cama de siembra.
Las informaciones periodísticas del 7 de mayo de este año dan cuenta de dicha inauguración, pero no como lo pinta el síndico Alcibíades Vicente.
Los titulares, incluso del centro de información gubernamental, de que el Presidente inauguraba en Azua obras por más de RD$660 millones, incluyendo un invernadero en el municipio de Guayabal.
Inclusive desde el INDHRI nos informan que aunque Alcibíades Vicente aparece como representante en el acuerdo, claramente la instalación es para el beneficio de la comunidad en general, tal y como lo estipula el contrato.
En su artículo 5 el contrato dice que el “convenio tendrá una vigencia de dos años a partir de su firma”, que fue en mayo de este año. Añade que “después de cumplido los dos años, la propiedad del mismo pasaran a ser de la Segunda Parte, o sea el síndico, con la condición de que siempre lo usará, para la educación agrícola de la región”.
Nuris Corcino Morillo, ama de casa de Guayabal, dice que aunque pertenece a una familia de agricultores no ha recibido información alguna sobre las supuestas ventajas sociales del invernadero.
Altagracia Villanerys Pimentel es otra ama de casa que dice desconocer los planes de entrenamiento agrícola. De lo que si asegura estar segura es que el síndico de Guayabal obtiene beneficios con la explotación del invernadero.
SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Desde que fue instalado el invernadero hace varios meses en el paraje conocido como Guayabito, del municipio de Guayabal de Padre Las Casas, en la sureña provincia de Azua, los campesinos de la zona parecen ver la infraestructura con cierto dejo de misterio.
La moderna instalación de producción agrícola se levanta en predios poco menos que inaccesibles.
El anuncio divulgado en diferentes medios de comunicación dando cuenta de que en su pasada visita a la provincia, el Presidente Leonel Fernández hizo entrega de un invernadero para una Asociación Campesina de Guayabal, llevó a comunitarios del municipio a indagar sobre la realidad de la información.
La agricultora Daysy Yolanda Jiménez Custodio, más conocida como Bicha entre los vecinos de Guayabal, dice haberse quedado con la ilusión de las expectativas creadas por el proyecto.
“Yo he sabido que el invernadero cosecha frutos buenos, da unos tomates bien buenos, que da mucho dinero, pero nosotros no hemos tenido beneficios e incluso yo ni siquiera a la puerta nunca he llegado”, expresó Bicha.
El regocijo que dice sintieron las mujeres agriculturas de la zona cuando se enteraron de la donación del invernadero a través del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, fue corto.
“A una hora que a nosotros nos habían puesto tan siquiera a trabajar, descosechando de lo que hubiera, aunque fuera ganándonos algo, nosotros tuviéramos beneficios, pero nosotros ni descosechamos, ni nos ponen a trabajar ni nos dan ningún tipo de entrada a ese invernadero, absolutamente ninguna”, agregó Bicha.
Asegura haberse sorprendido que una vez instalado el invernadero haya quedado para el uso exclusivo del síndico de Guayabal, Alcibíades Vicente.
“Ese es el único que cosecha ahí, Alcibíades Vicente, más nadie, ese es el único que cosecha todo lo que se da ahí y sabe lo que se hace”, manifestó la campesina.
Otra que se queja es Cristobalina Corcino pertenece a la Asociación de Amas de Casa María Torrubia de Guayabal. En esa calidad llegó a pensar que tendría alguna participación en el invernadero.
“Todavía el Gobierno lo haya hecho para las amas de casa para nosotros era de él porque está en su terreno de ellos, y hasta ahora nadie le ha dicho a nadie es de la asociación, es de las mujeres, somos muchas asociaciones de mujeres”, dijo Cristobalina Corcino.
La profesora Argentina Morillo, quien preside la Asociación de Mujeres para el Progreso de Guayabal, le reclamo al síndico alegando que el proyecto es un bien de la comunidad.
“Por lo menos yo fui y le exigí, le dije que qué pasaba, y el me dijo que no que su invernadero era de él, que él donó su tierra y que fue a él que se lo dieron”, explicó Argentina Morillo.
Valentín Minyetty, vicepresidente del Ayuntamiento Municipal de Guayabal, y como regidor pertenece al partido de gobierno, organización en la que también milita el síndico Alcibíades Vicente.
“Conocemos un solo invernadero y que ese invernadero es propiedad del síndico actual por lo que entonces no investigamos, entonces, si dice el gobierno inaugura un invernadero en el municipio de Guayabal y conocemos ese solo invernadero que hay que es del síndico actual entonces es una cosa que pone a uno entre la espada y la pared, entonces uno dice a quien le creo” afirmó Valentín Minyetty.
El convenio al que se refiere el ejecutivo municipal de Guayabal establece que el mismo tiene como objetivo desarrollar una nueva conciencia hídrica, poniendo a disposición de las comunidades información básica sobre la cantidad y calidad del recurso agua; inducir y estimular el desarrollo de las comunidades rurales pertenecientes a Guayabal, a hacer un mejor uso de los recursos naturales, así como mejorar la productividad, produciendo más en menos áreas y eficientizando el uso del agua.
“En ningún momento en Guayabal se ha construido ningún tipo de invernadero par algún tipo de asociación, nosotros tenemos un invernadero, un pequeño invernadero de mil trescientos metros que hicimos un convenio de cooperación entre el Indrhi, representado en ese momento por su director saliente Héctor Rodríguez Pimentel y de Alcibíades Vicente, no en calidad de síndico sino en calidad de un profesional de la agronomía”, dijo el síndico de Guayabal.
El mismo contrato en los considerando dice que El INDRHI “construyó en los terrenos de la segunda parte” representada por el síndico, un invernadero para la “producción de vegetales de la comunidad… para introducir un nuevo modelo de producción, como es la producción en ambiente controlada”, para de esta manera “reducir la quema de bosques en la cuenca alta de la cordillera central”.
El síndico a su vez tenía el compromiso de integrarse junto con los habitantes de Guayabal a un Programa de Cultura del Agua, a los fines de que todos los comunes cuiden los recursos naturales para la preservación del líquido.
Asimismo, motivar a los agricultores para que cuiden y preserven los recursos naturales; impartir cursos, talleres y charlas a los agricultores de Guayabal para adecuarlos a las nuevas tecnologías de cultivos, además de la obligación de cuidar y proteger la infraestructura del invernadero.
El síndico Vicente, al defender su derecho a la posesión del invernadero sostiene que hizo una inversión superior a los 700 mil pesos, inversión que formaba parte del acuerdo firmado, para la adecuación del terreno, construcción de casetas para la instalación de regadío y fertilización y la cama de siembra.
Las informaciones periodísticas del 7 de mayo de este año dan cuenta de dicha inauguración, pero no como lo pinta el síndico Alcibíades Vicente.
Los titulares, incluso del centro de información gubernamental, de que el Presidente inauguraba en Azua obras por más de RD$660 millones, incluyendo un invernadero en el municipio de Guayabal.
Inclusive desde el INDHRI nos informan que aunque Alcibíades Vicente aparece como representante en el acuerdo, claramente la instalación es para el beneficio de la comunidad en general, tal y como lo estipula el contrato.
En su artículo 5 el contrato dice que el “convenio tendrá una vigencia de dos años a partir de su firma”, que fue en mayo de este año. Añade que “después de cumplido los dos años, la propiedad del mismo pasaran a ser de la Segunda Parte, o sea el síndico, con la condición de que siempre lo usará, para la educación agrícola de la región”.
Nuris Corcino Morillo, ama de casa de Guayabal, dice que aunque pertenece a una familia de agricultores no ha recibido información alguna sobre las supuestas ventajas sociales del invernadero.
Altagracia Villanerys Pimentel es otra ama de casa que dice desconocer los planes de entrenamiento agrícola. De lo que si asegura estar segura es que el síndico de Guayabal obtiene beneficios con la explotación del invernadero.
Una guerra en el pulmón del mundo
En Comunión 638
Por Issac Miguel
Entre los programas que ofrece el grupo Televisa en la televisión por cable, el único que veo se llama Vida Salvaje. De los numerosos enlatados antiquísimo que ofrece esta televisora en español, este programa merece una mención especial por tratar temas de la naturaleza de una forma muy profesional y amena.
Esta semana están retransmitiendo un programa en base a los parques nacionales de la Amazonia. Un documental interesantísimo acerca del pulmón del mundo: la selva del Amazona. Este trabajo nos muestra parte de los numerosos lugares de la selva donde todavía el hombre no ha pisado.
Esta semana, además el grupo de países de América del Sur, estuvieron reunidos en Montevideo, capital de Uruguay, asistiendo a la reunión de los países miembros del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y en un futuro Venezuela dependiendo de lo que diga el congreso de Brasil y Paraguay.
En esta reunión se trató de todo. El no reconocimiento a las elecciones celebradas en Honduras, besos y abrazos entre los presidentes presentes y el presidente electo de Uruguay, Pepe Mujica. La parte mas interesante de la reunión fue la “pegá” que tuvieron el vice de Colombia y el comandante Chávez. Fue una discusión más económica que política, por gracias al de allá arriba.
Los dos gobernantes expresaron que jamás pensarían en una guerra entre los dos países hermanos. Volvemos y les damos gracias al de allá arriba. Imagínense una guerra en la Amazonia, o mejor dicho, en el pulmón del mundo.
Una guerra entre los países de América del Sur no debe ser apoyada por ningún ser viviente sobre el planeta. Los gobernantes de los demás países del globo terraqueo deben velar para que Cristina Fernández, Lula da Silva, Hugo Chávez Frías, Correa Delgado, Evo Morales Ayma, Alan García Pérez, Fernando Lugo, Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet Jeria, Álvaro Uribe Vélez, Bharrat Jagdeo, Ronald Venetiaan y Nicolás Sarkozy el presidente francés, se lleven bien y nunca intenten comenzar una guerra en la Amazonia.
El mundo respira gracias a la selva del Amazona. Debemos preservar la paz en la región por el bien de todos.
Luchemos para que los que vivan en la República del Surinam, República Bolivariana de Venezuela, República de Chile, República Oriental de Uruguay, República de Paraguay, Guayana Francesa, República del Perú, República de Colombia, República Argentina, República Federativa del Brasil, Estado Plurinacional de Bolivia, República del Ecuador y la República Cooperativa de Guyana, no se peleen entre ellos. Una pelea entre ellos, es una pelea en el pulmón del mundo.
Esta misma semana, se celebra la Conferencia de Copenhague, donde se discutirá el calentamiento global. En esta cumbre los líderes de la Unión Europea anunciarán un fondo de dos mil novecientos dólares anuales a partir del año que viene. Con estos fondos, los europeos ponen un grano para enfrentar el cambio climático. Los gobernantes reunidos allí tratarán de debatir el reducir las emisiones de dióxido de carbono para 2020, de 20 a 30%.
El punto más importante para la salud del planeta a lo mejor no será tocado allí. No se hablará de los problemas fronterizos entre Venezuela, Ecuador y Colombia. No se hablará del uso de las bases militares que Colombia prestará a los Estados Unidos.
Aunque no se mencione nada, debemos estar alerta y pedir a los líderes mundiales que no le metan fuego al pulmón del mundo: La Amazonia.
Por Issac Miguel
Entre los programas que ofrece el grupo Televisa en la televisión por cable, el único que veo se llama Vida Salvaje. De los numerosos enlatados antiquísimo que ofrece esta televisora en español, este programa merece una mención especial por tratar temas de la naturaleza de una forma muy profesional y amena.
Esta semana están retransmitiendo un programa en base a los parques nacionales de la Amazonia. Un documental interesantísimo acerca del pulmón del mundo: la selva del Amazona. Este trabajo nos muestra parte de los numerosos lugares de la selva donde todavía el hombre no ha pisado.
Esta semana, además el grupo de países de América del Sur, estuvieron reunidos en Montevideo, capital de Uruguay, asistiendo a la reunión de los países miembros del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y en un futuro Venezuela dependiendo de lo que diga el congreso de Brasil y Paraguay.
En esta reunión se trató de todo. El no reconocimiento a las elecciones celebradas en Honduras, besos y abrazos entre los presidentes presentes y el presidente electo de Uruguay, Pepe Mujica. La parte mas interesante de la reunión fue la “pegá” que tuvieron el vice de Colombia y el comandante Chávez. Fue una discusión más económica que política, por gracias al de allá arriba.
Los dos gobernantes expresaron que jamás pensarían en una guerra entre los dos países hermanos. Volvemos y les damos gracias al de allá arriba. Imagínense una guerra en la Amazonia, o mejor dicho, en el pulmón del mundo.
Una guerra entre los países de América del Sur no debe ser apoyada por ningún ser viviente sobre el planeta. Los gobernantes de los demás países del globo terraqueo deben velar para que Cristina Fernández, Lula da Silva, Hugo Chávez Frías, Correa Delgado, Evo Morales Ayma, Alan García Pérez, Fernando Lugo, Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet Jeria, Álvaro Uribe Vélez, Bharrat Jagdeo, Ronald Venetiaan y Nicolás Sarkozy el presidente francés, se lleven bien y nunca intenten comenzar una guerra en la Amazonia.
El mundo respira gracias a la selva del Amazona. Debemos preservar la paz en la región por el bien de todos.
Luchemos para que los que vivan en la República del Surinam, República Bolivariana de Venezuela, República de Chile, República Oriental de Uruguay, República de Paraguay, Guayana Francesa, República del Perú, República de Colombia, República Argentina, República Federativa del Brasil, Estado Plurinacional de Bolivia, República del Ecuador y la República Cooperativa de Guyana, no se peleen entre ellos. Una pelea entre ellos, es una pelea en el pulmón del mundo.
Esta misma semana, se celebra la Conferencia de Copenhague, donde se discutirá el calentamiento global. En esta cumbre los líderes de la Unión Europea anunciarán un fondo de dos mil novecientos dólares anuales a partir del año que viene. Con estos fondos, los europeos ponen un grano para enfrentar el cambio climático. Los gobernantes reunidos allí tratarán de debatir el reducir las emisiones de dióxido de carbono para 2020, de 20 a 30%.
El punto más importante para la salud del planeta a lo mejor no será tocado allí. No se hablará de los problemas fronterizos entre Venezuela, Ecuador y Colombia. No se hablará del uso de las bases militares que Colombia prestará a los Estados Unidos.
Aunque no se mencione nada, debemos estar alerta y pedir a los líderes mundiales que no le metan fuego al pulmón del mundo: La Amazonia.
Fallece ex-presidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo Odio
San José, Costa Rica.- El ex presidente de Costa Rica Rodrigo Carazo Odio (1978-1982) falleció este miércoles en un hospital de San José tras sufrir durante varios días el deterioro de sus funciones vitales como consecuencia de una operación de corazón, informaron fuentes médicas.
Carazo, de 82 años, permanecía internado desde hace poco más de dos semanas en el Hospital México, donde el 30 de noviembre fue operado debido a obstrucciones en sus arterias coronarias y murió hoy a las 13.30 hora local (19.30 GMT), dijo el doctor Óscar Palma, encargado de su atención en la Unidad de Cuidados Intensivos.
Aunque el procedimiento fue exitoso, horas después el ex presidente presentó complicaciones postoperatorias, lo que obligó a los médicos a mantenerlo sedado y con ventilación asistida en la sala de cuidados intensivos.
Carazo, economista de profesión, fue director del Banco Central (1963-1964), diputado (1966-1970) y fue el impulsor de la creación del la Universidad para la Paz de la ONU, con sede en Costa Rica, de la cual fue rector (1980-1989) y era presidente emérito.
Como gobernante de Costa Rica, Carazo enfrentó una de las peores crisis económicas en la historia del país, provocada por una fuerte devaluación de la moneda y el alto precio internacional de los alimentos y de los combustibles.
Tras ser elegido presidente, se propuso acabar con la corrupción nacional, incrementar la justicia social y mantener el ritmo de inversiones del Estado.
El ex gobernante se definió políticamente como socialcristiano, ferviente anticomunista y defensor de la Paz y la cooperación entre los Estados.
Dejó la Presidencia de Costa Rica en 1982, tras conseguir Luis Alberto Monge la victoria en las elecciones presidenciales.
Una de las últimas luchas políticas de Carazo fue convertirse en una de las caras del movimiento del "No al TLC" entre Costa Rica y Estados Unidos.
Este movimiento, conformado por sectores sociales, sindicales y políticos, buscó evitar la aprobación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) en un referéndum realizado en octubre de 2007.
Las fuerzas del "No" alcanzaron un gran apoyo, pero no fue suficiente porque el "Sí" ganó la consulta popular con el 51,57% de los votos.
Fuente: almomento.net
Carazo, de 82 años, permanecía internado desde hace poco más de dos semanas en el Hospital México, donde el 30 de noviembre fue operado debido a obstrucciones en sus arterias coronarias y murió hoy a las 13.30 hora local (19.30 GMT), dijo el doctor Óscar Palma, encargado de su atención en la Unidad de Cuidados Intensivos.
Aunque el procedimiento fue exitoso, horas después el ex presidente presentó complicaciones postoperatorias, lo que obligó a los médicos a mantenerlo sedado y con ventilación asistida en la sala de cuidados intensivos.
Carazo, economista de profesión, fue director del Banco Central (1963-1964), diputado (1966-1970) y fue el impulsor de la creación del la Universidad para la Paz de la ONU, con sede en Costa Rica, de la cual fue rector (1980-1989) y era presidente emérito.
Como gobernante de Costa Rica, Carazo enfrentó una de las peores crisis económicas en la historia del país, provocada por una fuerte devaluación de la moneda y el alto precio internacional de los alimentos y de los combustibles.
Tras ser elegido presidente, se propuso acabar con la corrupción nacional, incrementar la justicia social y mantener el ritmo de inversiones del Estado.
El ex gobernante se definió políticamente como socialcristiano, ferviente anticomunista y defensor de la Paz y la cooperación entre los Estados.
Dejó la Presidencia de Costa Rica en 1982, tras conseguir Luis Alberto Monge la victoria en las elecciones presidenciales.
Una de las últimas luchas políticas de Carazo fue convertirse en una de las caras del movimiento del "No al TLC" entre Costa Rica y Estados Unidos.
Este movimiento, conformado por sectores sociales, sindicales y políticos, buscó evitar la aprobación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) en un referéndum realizado en octubre de 2007.
Las fuerzas del "No" alcanzaron un gran apoyo, pero no fue suficiente porque el "Sí" ganó la consulta popular con el 51,57% de los votos.
Fuente: almomento.net
Reservas de tigres en la India en condiciones precarias
Casi la mitad de las reservas de tigres en la India -17 de 38- se encuentran en condiciones precarias, según reconoció este miércoles el Gobierno, que anunció la creación de un grupo de expertos para estudiar medidas de mejora."De las 38 reservas de tigres que hay en el país, hemos determinado que 17 están en condiciones precarias y hemos formado un grupo de expertos para examinar el estado de las reservas", dijo el titular de Medio Ambiente de la India, Jairam Ramesh.
teleSUR-Efe/MFD
teleSUR-Efe/MFD
Sunday, December 6, 2009
Honduras: ¿Y ahora que?
En Comunión
Por Issac Miguel
Honduras: ¿Y ahora que?
“Casi no hay cosa imposible para quien sabe trabajar y esperar.” (Fenelón)
A la hora de escribir este artículo, el congreso de la República de Honduras, está reunido para determinar si el depuesto Presidente Constitucional Mel Zelaya va a ser restituido en el cargo. Dos horas después que lo terminé, los congresistas dijeron que no, Mel no regresa. Las cosas pintan fea para el pobre Mel ya que la Corte Suprema de Justicia determinó la semana pasada que Zelaya no podía ser sentado en la “silla de alfileres” presidencial hasta que no responda a la justicia por varios delitos incluido uno que tilda al legítimo presidente de “traidor a la patria”.
Según la Corte Suprema (así debe llamarse debe Corte Suprema de Justicia y no Suprema Corte de Justicia como la llaman en algunos de nuestros países con el idioma español de oficial) Zelaya cometió un delito al querer convocar un referéndum para preguntar a los votantes si estaban dispuesto a modificar la Constitución del país para permitir la reelección presidencial, algo que prohíbe el articulo 239 de la Carta Magna hondureña.
Como los jueces del tribuna más alto de la justicia de los Lencas, Chortis, Garífunas, Isleños, Sumos, Tolupanes, Pech, Misquitos y los árabes, chinos, coreano y otros que se han nacionalizados como hondureños; apuntaron solamente sus vistas a ese artículo del referéndum y no a lo que era en realidad, llamaron a Zelaya “traidor” y dieron una orden “suprema” para que lo “destutanaran” del poder.
Mel quería una constitución moderna adaptada al siglo 21, pero eso le valió la presidencia. 5 meses esperando que lo restituyan y nada. Lo que quizás Mel desconozca (ha sido más hacendado que político) es que las fuerzas de la derecha en toda la región debajo del Río Grande, andan serpentinamente acechando cualquier debilidad de los gobiernos liberales para “comerles los dulces”.
Y debe de haber aprendido dentro de la embajada de Brasil donde está refugiado, que ese núcleo derechista latinoamericano tienen como patrocinadores al Pentágono y el Congreso derechista de los Estados Unidos que son los que al parecer dominan esta situación en Honduras.
Ellos nadan en sus mejores aguas bajo la presidencia de Barack Obama. Vuelan con más libertad que lo que pudieron volar en la era de Bush. En el 2002 intentaron tumbar a Chávez, el plan falló. Sabían que lo desacreditada que estaba la administración Bush en Latinoamérica no le convenía andarse con travesuras.
Durante Obama se dio el golpe de Estado en Honduras. Se dice que varios jefes militares y el vicepresidente de Paraguay querían echar del poder a Fernando Lugo, éste se dio cuenta a tiempo. Movió el cuerpo castrense, pero al vicepresidente no lo podía mover. Las malas lenguas paraguayas dicen que sabiéndose de esta garantía Federico Franco, el vicepresidente derechista, anda buscando que la gente del Congreso haga lo que las botas no pudieron hacer.
Para Obama, América Latina no es prioridad. Anda muy ocupado con las tropas que enviará hacia Afganistán, con el lío de donde mandar los presos de Guantánamo, la ley de salud, China, Irán y el cuento que nunca acaba: las bombas atómicas. No podemos dejar de mencionar el tiempo que le dedica a su bella esposa Michelle y a sus dos pequeñas hijas.
En el caso de Honduras, en la tierra de Francisco Morazán, parece que lo que dijo el presidente boliviano Evo Morales en estos días es cierto: “Lo único que cambió en los Estados Unidos es el color del presidente”.
Por Issac Miguel
Honduras: ¿Y ahora que?
“Casi no hay cosa imposible para quien sabe trabajar y esperar.” (Fenelón)
A la hora de escribir este artículo, el congreso de la República de Honduras, está reunido para determinar si el depuesto Presidente Constitucional Mel Zelaya va a ser restituido en el cargo. Dos horas después que lo terminé, los congresistas dijeron que no, Mel no regresa. Las cosas pintan fea para el pobre Mel ya que la Corte Suprema de Justicia determinó la semana pasada que Zelaya no podía ser sentado en la “silla de alfileres” presidencial hasta que no responda a la justicia por varios delitos incluido uno que tilda al legítimo presidente de “traidor a la patria”.
Según la Corte Suprema (así debe llamarse debe Corte Suprema de Justicia y no Suprema Corte de Justicia como la llaman en algunos de nuestros países con el idioma español de oficial) Zelaya cometió un delito al querer convocar un referéndum para preguntar a los votantes si estaban dispuesto a modificar la Constitución del país para permitir la reelección presidencial, algo que prohíbe el articulo 239 de la Carta Magna hondureña.
Como los jueces del tribuna más alto de la justicia de los Lencas, Chortis, Garífunas, Isleños, Sumos, Tolupanes, Pech, Misquitos y los árabes, chinos, coreano y otros que se han nacionalizados como hondureños; apuntaron solamente sus vistas a ese artículo del referéndum y no a lo que era en realidad, llamaron a Zelaya “traidor” y dieron una orden “suprema” para que lo “destutanaran” del poder.
Mel quería una constitución moderna adaptada al siglo 21, pero eso le valió la presidencia. 5 meses esperando que lo restituyan y nada. Lo que quizás Mel desconozca (ha sido más hacendado que político) es que las fuerzas de la derecha en toda la región debajo del Río Grande, andan serpentinamente acechando cualquier debilidad de los gobiernos liberales para “comerles los dulces”.
Y debe de haber aprendido dentro de la embajada de Brasil donde está refugiado, que ese núcleo derechista latinoamericano tienen como patrocinadores al Pentágono y el Congreso derechista de los Estados Unidos que son los que al parecer dominan esta situación en Honduras.
Ellos nadan en sus mejores aguas bajo la presidencia de Barack Obama. Vuelan con más libertad que lo que pudieron volar en la era de Bush. En el 2002 intentaron tumbar a Chávez, el plan falló. Sabían que lo desacreditada que estaba la administración Bush en Latinoamérica no le convenía andarse con travesuras.
Durante Obama se dio el golpe de Estado en Honduras. Se dice que varios jefes militares y el vicepresidente de Paraguay querían echar del poder a Fernando Lugo, éste se dio cuenta a tiempo. Movió el cuerpo castrense, pero al vicepresidente no lo podía mover. Las malas lenguas paraguayas dicen que sabiéndose de esta garantía Federico Franco, el vicepresidente derechista, anda buscando que la gente del Congreso haga lo que las botas no pudieron hacer.
Para Obama, América Latina no es prioridad. Anda muy ocupado con las tropas que enviará hacia Afganistán, con el lío de donde mandar los presos de Guantánamo, la ley de salud, China, Irán y el cuento que nunca acaba: las bombas atómicas. No podemos dejar de mencionar el tiempo que le dedica a su bella esposa Michelle y a sus dos pequeñas hijas.
En el caso de Honduras, en la tierra de Francisco Morazán, parece que lo que dijo el presidente boliviano Evo Morales en estos días es cierto: “Lo único que cambió en los Estados Unidos es el color del presidente”.
Reportaje: El legado de Juan Bosch
Por JUAN LUIS CEBRAIN/El País.es
Juan Bosch, a la derecha, conversa con Fidel Castro en la primera visita de éste a la República Dominicana, en 1998
MADRID.- El único título, si es que tengo alguno, que me permite dirigirme hoy a ustedes para glosar la figura de don Juan Bosch me ha sido conferido por el hecho de haberle tratado personalmente durante una breve pero intensa etapa, en la que menudearon nuestros encuentros con motivo de la edición española de su opúsculo.
El pentagonismo, sustituto del imperialismo. Como ya tuve ocasión de comentar en un prólogo a dicha obra, yo había conocido a don Juan con motivo de una conferencia que impartió en 1967 en el diario Pueblo.
Estaba acompañado de su asesor político de entonces, y que más tarde lo fuera de José María de Areilza en España y del presidente Luis Echeverría en México, Enrique Ruiz García. Este antiguo redactor del periódico de los sindicatos franquistas y de la agencia de prensa del Movimiento, la organización política que integraba la ideología falangista del régimen, había saltado a la fama un lustro antes por encontrarse entre los asistentes al llamado contubernio de Munich, una reunión de opositores a la dictadura que pretendían por entonces impulsar el cambio democrático en España. La presencia de Ruiz García junto al ex presidente dominicano no resultaba en absoluto accidental.
Ambos habían conocido -don Juan de forma mucho más frecuente y lacerante que el español- el exilio y la persecución política; ambos padecían una irrefrenable pasión conspirativa en la procura de las libertades; ambos eran escritores de vigorosa pluma, intelectuales de vanguardia, deseosos de influir en los acontecimientos de su tiempo y de protagonizar las transformaciones sociales que ellos mismos demandaban; y ambos, también, por cierto, creían fervientemente en la comunidad de destino de los pueblos de Iberoamérica, sobre los que se cernía, entonces como ahora, una tormentosa avalancha de propuestas de futuro cuyo único vínculo visible parecía ser el antagonismo radical contra la intervención de los Estados Unidos de América en la zona.
Bosch había sido derrocado de la presidencia de su país por un golpe militar que, con toda probabilidad, contó con la anuencia y el apoyo de Washington. En cualquier caso, el golpe constituyó el prólogo a la invasión de la isla por tropas norteamericanas, cuando desembarcaron en ella alrededor de veintitrés mil marines, so pretexto de defender los intereses y la seguridad de sus compatriotas.
Los conmilitones que detuvieron al presidente para expulsarle a Puerto Rico sólo siete meses después de que hubiera asumido el cargo argumentaron, sin prueba alguna, la militancia comunista o procomunista de Juan Bosch que, en el corto espacio de tiempo que duró su mandato, hizo aprobar una nueva Constitución y diseñó una reforma agraria que nunca se llevó a cabo.
Ya para entonces él sabía que los males que afligían a su país no eran de carácter muy diferente a los que determinaban el futuro incierto de toda la América Latina: una falta de institucionalidad democrática avivada por la corrupción generalizada; una desigualdad social que alimentaba los sueños y las aventuras revolucionarias; una vulneración constante y culpable de los derechos humanos y un tributo a la violencia como forma de acción política capaz de rebajar el valor de la vida humana hasta extremos casi inimaginables.
Hay quien se apunta a la tesis de que Bosch fue un revolucionario, y sin duda lo fue, pero a su manera
Siempre me pareció un socialdemócrata a su estilo, frente al anquilosamiento del socialismo oficial
La guerra del Vietnam acrecentó en Bosch su rechazo a las políticas de la Casa Blanca
Desde su temprano exilio en 1938, se convirtió por propia convicción en ciudadano de América Látina
Nos ofreció un ejemplo de honestidad y coherencia en un ambiente destruido por la corrupción
Desde su temprano exilio en 1938, cuando abandonó la isla y su cargo en la Dirección General de Estadísticas para denunciar abiertamente la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, hasta su regreso -veintitrés años después- como candidato triunfador en las primeras elecciones democráticas tras el asesinato del general, Juan Bosch se había convertido, por propia convicción, en un ciudadano de la América Latina.
Y había optado también por sacrificar su fundada vocación de escritor para poder dedicarse en cuerpo y alma a la política. Aunque a partir de ahí abandonó casi por completo el oficio literario, que le había llevado a figurar en todas las antologías de la nueva narrativa latinoamericana, su doble condición de intelectual y de activista le acompañarían toda la vida.
Sólo desde esa visible dualidad de comportamientos puede comprenderse el devenir político y personal de Juan Bosch, su contribución a la historia del continente latinoamericano, su legado como gobernante y su reflexión intelectual. Uno y otra se vieron transidos por el pragmatismo de la función política, que siempre ha sido el arte de lo posible, frente a las demandas de Mayo del 68 (seamos realistas, pidamos lo imposible, clamaba un grafito en los muros de la Sorbona), o frente a la utopía del hombre nuevo del marxismo. El paso del tiempo y la interesada manipulación de una figura ya mítica como la de Bosch han permitido a algunos desfigurar hasta lo irreconocible el ejemplo de su vida.
Hay quien se apunta a la tesis de que Bosch fue un revolucionario, y sin duda lo fue, pero a su manera. Porque ya en su primera novela La Mañosa, que durante un tiempo se subtituló como "la novela de las revoluciones", denunció los horrores tempranos que esos procesos habían desencadenado en la campiña dominicana. El libro se cierra con la noticia de los fusilamientos masivos a cargo de Fello Macario, sobrevenido en victorioso caudillo como consecuencia de una revuelta política. "¿Pero general, cómo ha fusilado usted a esa gente?", pregunta el protagonista de la trama, y el otro, sin inmutarse: "Era necesario". A partir de ahí se desarrolla un diálogo que no me resisto a reproducir:
"-¿Necesario, general? ¿Es necesario matar?
-No; matar, no, Pepe; pero hay que dar ejemplos.
¡Oh! ¿Y era aquel Fello Macario, el revolucionario noble, el de las generosidades que andaban de boca en boca? ¿Era él? ¿Él? ¡Con que Fello Macario consideraba que había que dar ejemplos! A papá se le caía el mundo encima, se le derrumbaba el cielo sobre la cabeza.
-¿De qué ejemplos habla, amigo; de qué ejemplos?
-Esa gente iba a turbar la paz.
Papá quería reír, quería llorar.
-¿Paz?... No, general. Eran hombres serios que andaban buscando la comida de sus hijos.
-No, Pepe; usté no comprende. Esta política...
-¡No se trata ahora de política! ¡Se trata de que antes eran hombres como usté y yo, con hijos a quienes querer, y con mujeres; se trata de que antes eran hombres y ahora no son nada, porque usted ordenó que los volvieran nada, nada...!
-Vuélvase por aquí, Pepe, cuando esté más calmado. ¡Si usté supiera lo que es esto, lo que se sufre en esta política!
-¡Qué política ni política! ¡Política es dirigir y defender, no asesinar! ¡Me dan asco usté y su política!".
La primera edición de La Mañosa es de 1936 y Bosch, aunque ya había sufrido cárcel acusado falaz e injustamente de terrorismo, no se exiliaría hasta dos años después. Quiero decir que pese a que más tarde se vio envuelto en repetidas conspiraciones con el ánimo de derrocar a Trujillo, desde joven Bosch parecía convencido de que las revoluciones devoran siempre a sus hijos y buscó de continuo las vías democráticas para la transformación de la sociedad. Lo pone de relieve su carta a los dominicanos, hecha pública después del golpe que le derrocó en 1963:
"Al Pueblo Dominicano:
Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura.
Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social.
En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones.
Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia deber ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones ni crímenes ni torturas ni huelgas ilegales ni robos porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad.
Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática.
La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo. Juan Bosch. Palacio Nacional".
Estas palabras retratan a un hombre que ambiciona cualquier cosa menos un cambio violento, y en la medida que este no sea así, podrá ser calificado de revolucionario, si se quiere, por sus causas y por sus efectos, pero no por sus métodos, más parecidos a la ruptura pactada que vivimos durante la Transición española que a una revolución propiamente dicha. Sobre esto insistiré en breve.
Otros apuntan la deriva intelectual que Bosch tuvo hacia el marxismo, desencantado como estaba de experimentos aparentemente democratizadores que no acababan de solucionar los problemas de su muy querida América; y no son pocos, también, los que han querido utilizarle para justificar las políticas populistas, ahora tan en boga en el subcontinente. Pero Bosch fue cualquier cosa menos un populista demagogo. Si apoyó el proceso cubano, presidió el tribunal Russell y participó en cuantos congresos antiimperialistas se celebraron en los años setenta fue porque su análisis intelectual le llevó a la convicción de que los males latinoamericanos se fundamentaban en la esquizofrénica relación que los Estados Unidos mantenían con lo que se consideraba el patio trasero del imperio. La guerra del Vietnam acrecentó en él su rechazo a las políticas de la Casa Blanca y es posible que su pensamiento se haya deslizado hacia el marxismo teórico en algunas de sus reflexiones. También algunos de sus amigos y conocidos políticos, por ejemplo Haya de la Torre, el fundador del Apra peruano, se consideraban marxistas, como lo fue el alcalde de Madrid por el PSOE Enrique Tierno Galván. Otros en cambio, José María Figueres, en Costa Rica, o Rómulo Betancourt, en Venezuela, encajarían mal en esa definición. En cualquier caso nada hay en los escritos de Juan Bosch, ni mucho menos en su acción como agitador y conductor de masas, que permita identificarle sino como un demócrata de los pies a la cabeza. Su ejemplo ético, su honestidad intelectual, su preocupación por las formas, su extensa cultura y su peripecia vital lo retratan como alguien enamorado de la libertad y obsesionado por la lucha en pro de la justicia social y contra las desigualdades. No fueron pocos, quizá pueda decir que no fuimos pocos, quienes en los años sesenta y setenta padecimos el sambenito de ser considerados comunistas por cosas así, lo que justificaba entonces todo tipo de represiones por parte de la autoridad constituida. Sin duda, Bosch tuvo que elegir muchas veces entre la controversia aparente que suscitaban los dictados de su razón frente a la realidad que le había tocado vivir y gestionar. Si hubiera sido un Maquiavelo, o simplemente un cínico, podría haberse permitido vivir con cierta holgura intelectual su compromiso político. No otra cosa hizo, al fin y al cabo, el presidente Balaguer, trujillista converso -o quizá no tanto-, que después de ser un auténtico valido durante la dictadura se las apañó para ser reelegido repetidas veces como presidente democrático. Si, por otra parte, Juan Bosch se hubiera dejado arrastrar por la pasión del populismo o por la obcecación en las ideas, quién sabe si estaríamos ahora venerando a un mártir, pero es seguro que no podríamos celebrar, como hoy lo hacemos, la lucidez de sus análisis y su contribución a la concordia y a la causa de la paz. A mí siempre me pareció un socialdemócrata a su estilo, frente al anquilosamiento hipócrita del socialismo oficial de la época; y aunque algunos puedan encontrar paralelismos entre su figura y la de Salvador Allende, con quien sostuvo una relación no muy intensa, o aunque inicialmente se entusiasmara con la revolución castrista, su posibilismo ético le llevó a intentar lo que resultó imposible en su tiempo: la modernización de la República Dominicana, frustrada por las fuerzas del imperialismo al uso, el militarismo de la época y la codicia de los poderosos.
Me parece interesante recordar por eso cómo fue aquella comparecencia suya en Madrid, el 14 de abril de 1967, un día en el que se cumplían puntualmente los cuarenta y seis años de la proclamación de la Segunda República Española. Bosch era hijo de español. Su padre fue un albañil nacido en Tortosa. De joven, don Juan fue enviado por la familia a estudiar y trabajar en Barcelona. Su suegra era gallega. En resumen, mantuvo siempre un vínculo entrañable, verdaderamente sentido, con nuestro país. Lector empedernido de nuestros clásicos, se sabía de memoria extensos pasajes de El Quijote y lucía en su prosa un atrayente mestizaje entre la concreción extrema de su castellano absolutamente depurado con el barroquismo del habla popular del Cibao dominicano. Pese a todo ello, la primera vez que habló en público en España fue en febrero del mismo año 1967, en un colegio mayor de la capital ante un auditorio universitario y en el marco de unas jornadas dedicadas a su país. En aquella ocasión trató de explicar lo que él consideraba como la "arritmia histórica" de la República Dominicana. Los asaltos de los corsarios -los famosos piratas del Caribe- durante el siglo XVI dificultaron siempre la relación de la isla con la metrópoli y la revolución francesa de finales del XVIII, con la consiguiente absorción por Francia y la recuperación, más tarde, de la isla por los colonos españoles, generó un retraso comparativo respecto a la evolución del resto de las naciones de su entorno. Esa arritmia histórica, en su opinión, venía motivada por el hecho de haber sido la isla siempre frontera del imperialismo, y haber estado sometida a mayores violencias, ultrajes y peligros que otros territorios de la corona de España. Después, en abril del citado año, frente a un auditorio multitudinario congregado en la sede del diario Pueblo, Bosch hizo pública su condición de revolucionario... sí, pero de revolucionario tranquilo o no violento, como antes he explicado. "América Latina tiene una larga tradición de lucha -dijo-. Cuarenta y dos mil infantes de Marina (los libros de Historia hablan ahora de veintitrés mil, pero a los efectos es lo mismo) pudieron poner fin a la revolución dominicana, pero ni con cuarenta y dos millones de hombres se podrá poner fin a la revolución de Latinoamérica. Lo que hay que hacer, pues, es anteponerse a esta revolución y lograr que se haga no violentamente, sino institucionalmente. Para que nuestros hijos, sin tener que ir a morir, puedan vivir en la justicia y la libertad". Hay que tener en cuenta, por lo demás, el momento en que todo esto sucedía. Entre la izquierda europea todavía no se habían disipado las esperanzas puestas en el experimento cubano y en los procesos de descolonización en África. La teoría del foquismo, ideada por Ernesto Che Guevara, se extendía como un reguero de pólvora por toda América. ¡Hagamos mil Vietnam en ella!, reclamaban los jóvenes, mientras algunos curas partidarios de la teología de la revolución se incorporaban a las guerrillas. La revolución estaba tan de moda que hasta un conservador reformista como el presidente demócrata cristiano de Chile, Eduardo Frei, llegó al poder bajo un eslogan de campaña que rezaba: "Revolución en libertad". En la España en la que Juan Bosch lanzó su grito a medias desesperado gobernaba todavía Franco, y lo habría de hacer aún durante casi una década. Sin embargo, aquí la palabra revolución tampoco estaba proscrita por la censura, entre otras cosas porque, oficialmente, el régimen constituía una de ellas, y los escritos oficiales, las arengas y proclamas desde las tribunas del poder se cancelaban con una jaculatoria inequívoca: "Por Dios, España y su revolución nacional sindicalista". Una revolución que en realidad no era sino una contrarrevolución, algunos de cuyos representantes más conspicuos acudieron a escuchar a don Juan. En el auditorio estaban entre otros el general García Valiño y Jesús Suevos (este era uno de los teóricos más avezados del franquismo), pero también Jorge Antonio, secretario particular y hombre de confianza de Juan Domingo Perón, y el escritor Ángel María de Lera, quien publicaría después una entrevista con Bosch en el Abc, líder entonces de la prensa española, en la que se ponía de relieve el abismo que aún existía, pese al famoso boom, entre la literatura latinoamericana y la de la península Ibérica. "Todas nuestras respectivas literaturas forman una sola, pero no hemos conseguido darle la unidad precisa dentro de su diversidad", comentaba el ex presidente. Para añadir: "Es una lástima y una falta imperdonable, porque no sabemos hacer uso de ese gran instrumento universal que es nuestra lengua común. Ello nos debilita enormemente frente a la presión de otras culturas, la anglosajona, por ejemplo".
Durante décadas venimos discutiendo sobre esa diversidad (étnica, política, económica) de América Latina y su unidad cultural a través del castellano. Durante siglos anduvimos enredados en saber si el archipiélago de sus naciones está unido por el mar del español más que fragmentado por las trifulcas locales, los nacionalismos provincianos y el culto a una diversidad legítima que, en nombre de la diferencia, sojuzga a veces la única gran conquista de la civilización en los dos últimos siglos: el concepto de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Y, como tal ciudadano, Bosch lo fue de toda la América Latina, creía en su integración, en la necesidad de observar políticas y enhebrar sueños comunes, y de confrontar el imperialismo de la época, que denunció con decisión y brillantez.
En mi prólogo, antes citado, a El pentagonismo me refería precisamente a ello: "Han pasado cuarenta años desde que don Juan diera a la imprenta aquellas cuartillas en las que denunciaba el creciente poder del complejo industrial-militar americano, inicialmente desvelado por el propio general Eisenhower. Durante estas cuatro décadas el mundo experimentó considerables transformaciones: el Hombre conquistó el espacio; los Estados Unidos sufrieron una humillante derrota en Vietnam; asistimos a la revolución digital; cayó el muro de Berlín y contemplamos la emergencia de China como gran potencia. Sin embargo, el análisis de esa obrita acerca del militarismo de la política americana continúa de actualidad (...). La descripción que hace Bosch del sistema de toma de decisiones en la Casa Blanca tiene una vigencia sorprendente, lo que pone de relieve que los vicios por él denunciados no responden a errores de coyuntura o fracasos momentáneos. Constituyen tendencias de fondo de la democracia americana", que, añado yo, ahora esperemos pueda corregir el presidente Obama más pronto que tarde.
Resaltaba Bosch la necesidad que históricamente ha tenido Washington de argumentar ideológicamente sus intervenciones armadas. Pero tras la terrible matanza de las Torres Gemelas, la Casa Blanca no precisó de argumento alguno para justificar sus ataques a los campos de entrenamiento de terroristas en Afganistán, y no hubo protestas en los países democráticos por la intervención en dicho país. Antes bien, se generó una ola de solidaridad y apoyo hacia los Estados Unidos. Ese capital de simpatía y amistad fue dilapidado más tarde por el presidente Bush. La posterior invasión de Irak demostró que el pentagonismo estaba dispuesto a utilizar la amenaza terrorista como pretexto para imponer su propia estrategia.
Para comprender los análisis de Bosch respecto al papel desempeñado por Estados Unidos en América Latina y el Caribe es preciso remontarse a la llamada doctrina Monroe. El presidente James Monroe, tan temprano como en 1823, y ante el derrumbe del imperio español en aquellas tierras, advertía a las potencias europeas de que cualquier intento de extender su influencia en el hemisferio occidental sería considerado como "peligroso para la paz y la seguridad" de los Estados Unidos. Theodor Roosevelt utilizó la doctrina Monroe para justificar, a posteriori, la intervención americana en la guerra de Cuba. Y más tarde el demócrata Woodrow Wilson, que decidió la entrada de su país en la Primera Guerra Mundial "a fin de salvar la democracia en el mundo", se sirvió de similar argumento a la hora de enviar tropas a las jóvenes repúblicas caribeñas y centroamericanas, todavía "no preparadas para la democracia", según los analistas de la época. Los ejércitos y policías locales organizados por los marines en países como Nicaragua o República Dominicana fueron la base utilizada por los comandantes de turno, Somoza y Trujillo, para encaramarse al poder y ejercerlo de forma absolutamente tiránica. La idea de convertir a los Estados Unidos en una especie de policía global de la democracia, y de exportar ésta como si de un bien de consumo se tratara, por ingenua o cínica que parezca, viene de antaño y se inscribe en la tradición política de la gran potencia. Las funestas consecuencias de semejante visión del mundo las conocemos todos. Michael Reid, que durante muchos años se desempeñó como corresponsal del The Guardian y The Economist en la zona, describe en su libro Forgotten Continent de forma muy interesante estos procesos. Y al hilo de ellos especula con una anécdota protagonizada por el presidente Johnson a la hora de ordenar la invasión de República Dominicana en 1965, según él en defensa de las vidas y bienes de los norteamericanos residentes en la isla. Johnson aseguró públicamente que había tomado tan grave decisión cuando supo que "había cuerpos sin cabeza tirados en las calles de Santo Domingo". Como sus opositores y la prensa le desafiaron a que demostrara semejante aserto, llamó a su embajador y le ordenó sin más: "Por Dios bendito, es absolutamente necesario que encuentre algunos cuerpos sin cabeza". El resultado de todo ello, señala Reid, es que no hubo una auténtica democracia en ese país hasta bien entrada la década de los noventa. Llegó de la mano de los seguidores de Juan Bosch.
Admiré de él su honestidad como político, su lucidez intelectual y su extensa cultura. No tuvo miedo en llamar a las cosas por su nombre y luchó con coraje por un mundo más justo y pacífico. Nos ofreció un ejemplo de honestidad y coherencia en un ambiente destruido por la corrupción. Cuando le conocí, vivía más que discretamente en un apartamento de Benidorm acompañado de su esposa y sin ningún tipo de ayuda doméstica. "No puedo pagar ni siquiera un secretario", me dijo. "Soy un hombre pobre, muy pobre". Menos de lo que él creía, pues su estela es perdurable y nos dejó un legado inmenso de solidaridad y de dignidad.
Juan Bosch, a la derecha, conversa con Fidel Castro en la primera visita de éste a la República Dominicana, en 1998
MADRID.- El único título, si es que tengo alguno, que me permite dirigirme hoy a ustedes para glosar la figura de don Juan Bosch me ha sido conferido por el hecho de haberle tratado personalmente durante una breve pero intensa etapa, en la que menudearon nuestros encuentros con motivo de la edición española de su opúsculo.
El pentagonismo, sustituto del imperialismo. Como ya tuve ocasión de comentar en un prólogo a dicha obra, yo había conocido a don Juan con motivo de una conferencia que impartió en 1967 en el diario Pueblo.
Estaba acompañado de su asesor político de entonces, y que más tarde lo fuera de José María de Areilza en España y del presidente Luis Echeverría en México, Enrique Ruiz García. Este antiguo redactor del periódico de los sindicatos franquistas y de la agencia de prensa del Movimiento, la organización política que integraba la ideología falangista del régimen, había saltado a la fama un lustro antes por encontrarse entre los asistentes al llamado contubernio de Munich, una reunión de opositores a la dictadura que pretendían por entonces impulsar el cambio democrático en España. La presencia de Ruiz García junto al ex presidente dominicano no resultaba en absoluto accidental.
Ambos habían conocido -don Juan de forma mucho más frecuente y lacerante que el español- el exilio y la persecución política; ambos padecían una irrefrenable pasión conspirativa en la procura de las libertades; ambos eran escritores de vigorosa pluma, intelectuales de vanguardia, deseosos de influir en los acontecimientos de su tiempo y de protagonizar las transformaciones sociales que ellos mismos demandaban; y ambos, también, por cierto, creían fervientemente en la comunidad de destino de los pueblos de Iberoamérica, sobre los que se cernía, entonces como ahora, una tormentosa avalancha de propuestas de futuro cuyo único vínculo visible parecía ser el antagonismo radical contra la intervención de los Estados Unidos de América en la zona.
Bosch había sido derrocado de la presidencia de su país por un golpe militar que, con toda probabilidad, contó con la anuencia y el apoyo de Washington. En cualquier caso, el golpe constituyó el prólogo a la invasión de la isla por tropas norteamericanas, cuando desembarcaron en ella alrededor de veintitrés mil marines, so pretexto de defender los intereses y la seguridad de sus compatriotas.
Los conmilitones que detuvieron al presidente para expulsarle a Puerto Rico sólo siete meses después de que hubiera asumido el cargo argumentaron, sin prueba alguna, la militancia comunista o procomunista de Juan Bosch que, en el corto espacio de tiempo que duró su mandato, hizo aprobar una nueva Constitución y diseñó una reforma agraria que nunca se llevó a cabo.
Ya para entonces él sabía que los males que afligían a su país no eran de carácter muy diferente a los que determinaban el futuro incierto de toda la América Latina: una falta de institucionalidad democrática avivada por la corrupción generalizada; una desigualdad social que alimentaba los sueños y las aventuras revolucionarias; una vulneración constante y culpable de los derechos humanos y un tributo a la violencia como forma de acción política capaz de rebajar el valor de la vida humana hasta extremos casi inimaginables.
Hay quien se apunta a la tesis de que Bosch fue un revolucionario, y sin duda lo fue, pero a su manera
Siempre me pareció un socialdemócrata a su estilo, frente al anquilosamiento del socialismo oficial
La guerra del Vietnam acrecentó en Bosch su rechazo a las políticas de la Casa Blanca
Desde su temprano exilio en 1938, se convirtió por propia convicción en ciudadano de América Látina
Nos ofreció un ejemplo de honestidad y coherencia en un ambiente destruido por la corrupción
Desde su temprano exilio en 1938, cuando abandonó la isla y su cargo en la Dirección General de Estadísticas para denunciar abiertamente la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, hasta su regreso -veintitrés años después- como candidato triunfador en las primeras elecciones democráticas tras el asesinato del general, Juan Bosch se había convertido, por propia convicción, en un ciudadano de la América Latina.
Y había optado también por sacrificar su fundada vocación de escritor para poder dedicarse en cuerpo y alma a la política. Aunque a partir de ahí abandonó casi por completo el oficio literario, que le había llevado a figurar en todas las antologías de la nueva narrativa latinoamericana, su doble condición de intelectual y de activista le acompañarían toda la vida.
Sólo desde esa visible dualidad de comportamientos puede comprenderse el devenir político y personal de Juan Bosch, su contribución a la historia del continente latinoamericano, su legado como gobernante y su reflexión intelectual. Uno y otra se vieron transidos por el pragmatismo de la función política, que siempre ha sido el arte de lo posible, frente a las demandas de Mayo del 68 (seamos realistas, pidamos lo imposible, clamaba un grafito en los muros de la Sorbona), o frente a la utopía del hombre nuevo del marxismo. El paso del tiempo y la interesada manipulación de una figura ya mítica como la de Bosch han permitido a algunos desfigurar hasta lo irreconocible el ejemplo de su vida.
Hay quien se apunta a la tesis de que Bosch fue un revolucionario, y sin duda lo fue, pero a su manera. Porque ya en su primera novela La Mañosa, que durante un tiempo se subtituló como "la novela de las revoluciones", denunció los horrores tempranos que esos procesos habían desencadenado en la campiña dominicana. El libro se cierra con la noticia de los fusilamientos masivos a cargo de Fello Macario, sobrevenido en victorioso caudillo como consecuencia de una revuelta política. "¿Pero general, cómo ha fusilado usted a esa gente?", pregunta el protagonista de la trama, y el otro, sin inmutarse: "Era necesario". A partir de ahí se desarrolla un diálogo que no me resisto a reproducir:
"-¿Necesario, general? ¿Es necesario matar?
-No; matar, no, Pepe; pero hay que dar ejemplos.
¡Oh! ¿Y era aquel Fello Macario, el revolucionario noble, el de las generosidades que andaban de boca en boca? ¿Era él? ¿Él? ¡Con que Fello Macario consideraba que había que dar ejemplos! A papá se le caía el mundo encima, se le derrumbaba el cielo sobre la cabeza.
-¿De qué ejemplos habla, amigo; de qué ejemplos?
-Esa gente iba a turbar la paz.
Papá quería reír, quería llorar.
-¿Paz?... No, general. Eran hombres serios que andaban buscando la comida de sus hijos.
-No, Pepe; usté no comprende. Esta política...
-¡No se trata ahora de política! ¡Se trata de que antes eran hombres como usté y yo, con hijos a quienes querer, y con mujeres; se trata de que antes eran hombres y ahora no son nada, porque usted ordenó que los volvieran nada, nada...!
-Vuélvase por aquí, Pepe, cuando esté más calmado. ¡Si usté supiera lo que es esto, lo que se sufre en esta política!
-¡Qué política ni política! ¡Política es dirigir y defender, no asesinar! ¡Me dan asco usté y su política!".
La primera edición de La Mañosa es de 1936 y Bosch, aunque ya había sufrido cárcel acusado falaz e injustamente de terrorismo, no se exiliaría hasta dos años después. Quiero decir que pese a que más tarde se vio envuelto en repetidas conspiraciones con el ánimo de derrocar a Trujillo, desde joven Bosch parecía convencido de que las revoluciones devoran siempre a sus hijos y buscó de continuo las vías democráticas para la transformación de la sociedad. Lo pone de relieve su carta a los dominicanos, hecha pública después del golpe que le derrocó en 1963:
"Al Pueblo Dominicano:
Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura.
Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social.
En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones.
Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia deber ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones ni crímenes ni torturas ni huelgas ilegales ni robos porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad.
Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática.
La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo. Juan Bosch. Palacio Nacional".
Estas palabras retratan a un hombre que ambiciona cualquier cosa menos un cambio violento, y en la medida que este no sea así, podrá ser calificado de revolucionario, si se quiere, por sus causas y por sus efectos, pero no por sus métodos, más parecidos a la ruptura pactada que vivimos durante la Transición española que a una revolución propiamente dicha. Sobre esto insistiré en breve.
Otros apuntan la deriva intelectual que Bosch tuvo hacia el marxismo, desencantado como estaba de experimentos aparentemente democratizadores que no acababan de solucionar los problemas de su muy querida América; y no son pocos, también, los que han querido utilizarle para justificar las políticas populistas, ahora tan en boga en el subcontinente. Pero Bosch fue cualquier cosa menos un populista demagogo. Si apoyó el proceso cubano, presidió el tribunal Russell y participó en cuantos congresos antiimperialistas se celebraron en los años setenta fue porque su análisis intelectual le llevó a la convicción de que los males latinoamericanos se fundamentaban en la esquizofrénica relación que los Estados Unidos mantenían con lo que se consideraba el patio trasero del imperio. La guerra del Vietnam acrecentó en él su rechazo a las políticas de la Casa Blanca y es posible que su pensamiento se haya deslizado hacia el marxismo teórico en algunas de sus reflexiones. También algunos de sus amigos y conocidos políticos, por ejemplo Haya de la Torre, el fundador del Apra peruano, se consideraban marxistas, como lo fue el alcalde de Madrid por el PSOE Enrique Tierno Galván. Otros en cambio, José María Figueres, en Costa Rica, o Rómulo Betancourt, en Venezuela, encajarían mal en esa definición. En cualquier caso nada hay en los escritos de Juan Bosch, ni mucho menos en su acción como agitador y conductor de masas, que permita identificarle sino como un demócrata de los pies a la cabeza. Su ejemplo ético, su honestidad intelectual, su preocupación por las formas, su extensa cultura y su peripecia vital lo retratan como alguien enamorado de la libertad y obsesionado por la lucha en pro de la justicia social y contra las desigualdades. No fueron pocos, quizá pueda decir que no fuimos pocos, quienes en los años sesenta y setenta padecimos el sambenito de ser considerados comunistas por cosas así, lo que justificaba entonces todo tipo de represiones por parte de la autoridad constituida. Sin duda, Bosch tuvo que elegir muchas veces entre la controversia aparente que suscitaban los dictados de su razón frente a la realidad que le había tocado vivir y gestionar. Si hubiera sido un Maquiavelo, o simplemente un cínico, podría haberse permitido vivir con cierta holgura intelectual su compromiso político. No otra cosa hizo, al fin y al cabo, el presidente Balaguer, trujillista converso -o quizá no tanto-, que después de ser un auténtico valido durante la dictadura se las apañó para ser reelegido repetidas veces como presidente democrático. Si, por otra parte, Juan Bosch se hubiera dejado arrastrar por la pasión del populismo o por la obcecación en las ideas, quién sabe si estaríamos ahora venerando a un mártir, pero es seguro que no podríamos celebrar, como hoy lo hacemos, la lucidez de sus análisis y su contribución a la concordia y a la causa de la paz. A mí siempre me pareció un socialdemócrata a su estilo, frente al anquilosamiento hipócrita del socialismo oficial de la época; y aunque algunos puedan encontrar paralelismos entre su figura y la de Salvador Allende, con quien sostuvo una relación no muy intensa, o aunque inicialmente se entusiasmara con la revolución castrista, su posibilismo ético le llevó a intentar lo que resultó imposible en su tiempo: la modernización de la República Dominicana, frustrada por las fuerzas del imperialismo al uso, el militarismo de la época y la codicia de los poderosos.
Me parece interesante recordar por eso cómo fue aquella comparecencia suya en Madrid, el 14 de abril de 1967, un día en el que se cumplían puntualmente los cuarenta y seis años de la proclamación de la Segunda República Española. Bosch era hijo de español. Su padre fue un albañil nacido en Tortosa. De joven, don Juan fue enviado por la familia a estudiar y trabajar en Barcelona. Su suegra era gallega. En resumen, mantuvo siempre un vínculo entrañable, verdaderamente sentido, con nuestro país. Lector empedernido de nuestros clásicos, se sabía de memoria extensos pasajes de El Quijote y lucía en su prosa un atrayente mestizaje entre la concreción extrema de su castellano absolutamente depurado con el barroquismo del habla popular del Cibao dominicano. Pese a todo ello, la primera vez que habló en público en España fue en febrero del mismo año 1967, en un colegio mayor de la capital ante un auditorio universitario y en el marco de unas jornadas dedicadas a su país. En aquella ocasión trató de explicar lo que él consideraba como la "arritmia histórica" de la República Dominicana. Los asaltos de los corsarios -los famosos piratas del Caribe- durante el siglo XVI dificultaron siempre la relación de la isla con la metrópoli y la revolución francesa de finales del XVIII, con la consiguiente absorción por Francia y la recuperación, más tarde, de la isla por los colonos españoles, generó un retraso comparativo respecto a la evolución del resto de las naciones de su entorno. Esa arritmia histórica, en su opinión, venía motivada por el hecho de haber sido la isla siempre frontera del imperialismo, y haber estado sometida a mayores violencias, ultrajes y peligros que otros territorios de la corona de España. Después, en abril del citado año, frente a un auditorio multitudinario congregado en la sede del diario Pueblo, Bosch hizo pública su condición de revolucionario... sí, pero de revolucionario tranquilo o no violento, como antes he explicado. "América Latina tiene una larga tradición de lucha -dijo-. Cuarenta y dos mil infantes de Marina (los libros de Historia hablan ahora de veintitrés mil, pero a los efectos es lo mismo) pudieron poner fin a la revolución dominicana, pero ni con cuarenta y dos millones de hombres se podrá poner fin a la revolución de Latinoamérica. Lo que hay que hacer, pues, es anteponerse a esta revolución y lograr que se haga no violentamente, sino institucionalmente. Para que nuestros hijos, sin tener que ir a morir, puedan vivir en la justicia y la libertad". Hay que tener en cuenta, por lo demás, el momento en que todo esto sucedía. Entre la izquierda europea todavía no se habían disipado las esperanzas puestas en el experimento cubano y en los procesos de descolonización en África. La teoría del foquismo, ideada por Ernesto Che Guevara, se extendía como un reguero de pólvora por toda América. ¡Hagamos mil Vietnam en ella!, reclamaban los jóvenes, mientras algunos curas partidarios de la teología de la revolución se incorporaban a las guerrillas. La revolución estaba tan de moda que hasta un conservador reformista como el presidente demócrata cristiano de Chile, Eduardo Frei, llegó al poder bajo un eslogan de campaña que rezaba: "Revolución en libertad". En la España en la que Juan Bosch lanzó su grito a medias desesperado gobernaba todavía Franco, y lo habría de hacer aún durante casi una década. Sin embargo, aquí la palabra revolución tampoco estaba proscrita por la censura, entre otras cosas porque, oficialmente, el régimen constituía una de ellas, y los escritos oficiales, las arengas y proclamas desde las tribunas del poder se cancelaban con una jaculatoria inequívoca: "Por Dios, España y su revolución nacional sindicalista". Una revolución que en realidad no era sino una contrarrevolución, algunos de cuyos representantes más conspicuos acudieron a escuchar a don Juan. En el auditorio estaban entre otros el general García Valiño y Jesús Suevos (este era uno de los teóricos más avezados del franquismo), pero también Jorge Antonio, secretario particular y hombre de confianza de Juan Domingo Perón, y el escritor Ángel María de Lera, quien publicaría después una entrevista con Bosch en el Abc, líder entonces de la prensa española, en la que se ponía de relieve el abismo que aún existía, pese al famoso boom, entre la literatura latinoamericana y la de la península Ibérica. "Todas nuestras respectivas literaturas forman una sola, pero no hemos conseguido darle la unidad precisa dentro de su diversidad", comentaba el ex presidente. Para añadir: "Es una lástima y una falta imperdonable, porque no sabemos hacer uso de ese gran instrumento universal que es nuestra lengua común. Ello nos debilita enormemente frente a la presión de otras culturas, la anglosajona, por ejemplo".
Durante décadas venimos discutiendo sobre esa diversidad (étnica, política, económica) de América Latina y su unidad cultural a través del castellano. Durante siglos anduvimos enredados en saber si el archipiélago de sus naciones está unido por el mar del español más que fragmentado por las trifulcas locales, los nacionalismos provincianos y el culto a una diversidad legítima que, en nombre de la diferencia, sojuzga a veces la única gran conquista de la civilización en los dos últimos siglos: el concepto de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Y, como tal ciudadano, Bosch lo fue de toda la América Latina, creía en su integración, en la necesidad de observar políticas y enhebrar sueños comunes, y de confrontar el imperialismo de la época, que denunció con decisión y brillantez.
En mi prólogo, antes citado, a El pentagonismo me refería precisamente a ello: "Han pasado cuarenta años desde que don Juan diera a la imprenta aquellas cuartillas en las que denunciaba el creciente poder del complejo industrial-militar americano, inicialmente desvelado por el propio general Eisenhower. Durante estas cuatro décadas el mundo experimentó considerables transformaciones: el Hombre conquistó el espacio; los Estados Unidos sufrieron una humillante derrota en Vietnam; asistimos a la revolución digital; cayó el muro de Berlín y contemplamos la emergencia de China como gran potencia. Sin embargo, el análisis de esa obrita acerca del militarismo de la política americana continúa de actualidad (...). La descripción que hace Bosch del sistema de toma de decisiones en la Casa Blanca tiene una vigencia sorprendente, lo que pone de relieve que los vicios por él denunciados no responden a errores de coyuntura o fracasos momentáneos. Constituyen tendencias de fondo de la democracia americana", que, añado yo, ahora esperemos pueda corregir el presidente Obama más pronto que tarde.
Resaltaba Bosch la necesidad que históricamente ha tenido Washington de argumentar ideológicamente sus intervenciones armadas. Pero tras la terrible matanza de las Torres Gemelas, la Casa Blanca no precisó de argumento alguno para justificar sus ataques a los campos de entrenamiento de terroristas en Afganistán, y no hubo protestas en los países democráticos por la intervención en dicho país. Antes bien, se generó una ola de solidaridad y apoyo hacia los Estados Unidos. Ese capital de simpatía y amistad fue dilapidado más tarde por el presidente Bush. La posterior invasión de Irak demostró que el pentagonismo estaba dispuesto a utilizar la amenaza terrorista como pretexto para imponer su propia estrategia.
Para comprender los análisis de Bosch respecto al papel desempeñado por Estados Unidos en América Latina y el Caribe es preciso remontarse a la llamada doctrina Monroe. El presidente James Monroe, tan temprano como en 1823, y ante el derrumbe del imperio español en aquellas tierras, advertía a las potencias europeas de que cualquier intento de extender su influencia en el hemisferio occidental sería considerado como "peligroso para la paz y la seguridad" de los Estados Unidos. Theodor Roosevelt utilizó la doctrina Monroe para justificar, a posteriori, la intervención americana en la guerra de Cuba. Y más tarde el demócrata Woodrow Wilson, que decidió la entrada de su país en la Primera Guerra Mundial "a fin de salvar la democracia en el mundo", se sirvió de similar argumento a la hora de enviar tropas a las jóvenes repúblicas caribeñas y centroamericanas, todavía "no preparadas para la democracia", según los analistas de la época. Los ejércitos y policías locales organizados por los marines en países como Nicaragua o República Dominicana fueron la base utilizada por los comandantes de turno, Somoza y Trujillo, para encaramarse al poder y ejercerlo de forma absolutamente tiránica. La idea de convertir a los Estados Unidos en una especie de policía global de la democracia, y de exportar ésta como si de un bien de consumo se tratara, por ingenua o cínica que parezca, viene de antaño y se inscribe en la tradición política de la gran potencia. Las funestas consecuencias de semejante visión del mundo las conocemos todos. Michael Reid, que durante muchos años se desempeñó como corresponsal del The Guardian y The Economist en la zona, describe en su libro Forgotten Continent de forma muy interesante estos procesos. Y al hilo de ellos especula con una anécdota protagonizada por el presidente Johnson a la hora de ordenar la invasión de República Dominicana en 1965, según él en defensa de las vidas y bienes de los norteamericanos residentes en la isla. Johnson aseguró públicamente que había tomado tan grave decisión cuando supo que "había cuerpos sin cabeza tirados en las calles de Santo Domingo". Como sus opositores y la prensa le desafiaron a que demostrara semejante aserto, llamó a su embajador y le ordenó sin más: "Por Dios bendito, es absolutamente necesario que encuentre algunos cuerpos sin cabeza". El resultado de todo ello, señala Reid, es que no hubo una auténtica democracia en ese país hasta bien entrada la década de los noventa. Llegó de la mano de los seguidores de Juan Bosch.
Admiré de él su honestidad como político, su lucidez intelectual y su extensa cultura. No tuvo miedo en llamar a las cosas por su nombre y luchó con coraje por un mundo más justo y pacífico. Nos ofreció un ejemplo de honestidad y coherencia en un ambiente destruido por la corrupción. Cuando le conocí, vivía más que discretamente en un apartamento de Benidorm acompañado de su esposa y sin ningún tipo de ayuda doméstica. "No puedo pagar ni siquiera un secretario", me dijo. "Soy un hombre pobre, muy pobre". Menos de lo que él creía, pues su estela es perdurable y nos dejó un legado inmenso de solidaridad y de dignidad.
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